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miércoles, 22 de diciembre de 2010
Dedicada a mi mujer y mi hijo

miércoles, 27 de octubre de 2010
Renovar

domingo, 14 de marzo de 2010
El buen tiempo y la primavera

lunes, 21 de septiembre de 2009
El Rey de la Marisma
Al amanecer se respira un aire especial, ya ha entrado el otoño y eso en Doñana significa cambios.
Ahora los amaneceres y los atardeceres son algo distintos, con luces más pasteles, con un poco de frio y humedad que hacen que a muchos animales sientan la llamada de la reproducción.
Es el turno del ciervo, el que llena con su berrido el amanecer y el atardecer reclamando su harén y su territorio , como dueño y señor de la marisma y del monte. Exhiben sus cuernas desafiantes a todo aquel macho que se les acerca y se atreve a arrebatarle alguna de sus hembras.
Siempre me decían que en Doñana los ciervos eran pequeños y que no tenían unas cuernas muy espectaculares, pero he podido comprobar que no es así. Y puedo asegurar que asusta ver a un macho de los que hay en la marisma, berreando y de repente desafiándote en cuanto te ve, incluso haciendo el amago de atacarte, todo una experiencia con la naturaleza que te rodea.
El celo es tal que atacan a todo lo que se les acerca, vacas, gamos, caballos, incluso al ser humano. Supongo que estos ciervos tendrán menos miedo a los hombres que en otros sitios.
Ciervo en el monte, Doñana
Nikon D300, sigma 150-500 f6,3 iso 100
Ciervo berreando junto a grupo de hembras, marisma de Doñana
Nikon D300, sigma 150-500 f6,3 iso 200
Macho de ciervo junto a un gamo, Doñana
Nikon D300, sigma 150-500 f6,3 iso 100
jueves, 2 de julio de 2009
Caprichos
Aquí os voy a mostrar unas cuantas imágenes de flores, de distintos colores, tamaños y formas, algunas muy aromáticas y otras con estrategias singulares o con historias populares mágicas o de hechicería.
El impacto visual cuando vas por la marisma y te encuentras a todos los salados llenos de esa flor lila, es el momento en el que el cambio de la marisma se hace más patente. El ir paseando por las dunas y ver a las hermosas clavellinas tapizando a estas, o a la algodonosa, llena de pelos blanquecinos para poder protegerse del secante viento y de las altas temperaturas y que de repente se visten de amarillo con su flor.
El llegar a un campo de cantueso al amanecer y despertar tu olfato con su olor intenso y agradable además de teñir de morado todo lo que cubre. Los lirios que engalanan la marisma de amarillo y verde. La belleza del monte blanco en flor, que en vez de ser blanco en ese momento se vuelve amarillo intenso.
Las leyendas que rodea las plantas como es el caso de la mandrágora, de la que se valían las brujas para fabricar ungüentos con los que se intoxicaban, experimentando sensaciones de levitación, euforia y alucinaciones, volaban así con la imaginación, ya que el cuerpo quedaba sumido en un intenso sopor, al encuentro del diablo.
domingo, 10 de mayo de 2009
Los astros
Los amaneceres y los atardeceres son algo sorprendente, y realmente para una cámara de fotos le es muy complicado sacar todos los colores que puede ver el ojo, siéndole imposible reflejar fielmente lo que uno quiere.
La suma de los colores y los reflejos en estas fotos pueden hacer pensar que estas frente a un espejo y estas utilizando pinceles de muchos colores y que nada es real.
martes, 31 de marzo de 2009
El silencio y el bullicio
Estos días atrás andaba metido en la marisma con el agua a la altura de las rodillas haciendo uno de los censos que más me gustan y que por suerte me brinda mi trabajo y me dio por pensar en esto.
Para mí el poder recorrer los sitios en los que tengo que estar es todo un privilegio que me brinda mi trabajo. El ir solo o acompañado es algo que depende del día, te apetece más o menos, pero de ningún modo se hace pesado o malo. Hay muchos días que lo que te apetece es ir solo, ser totalmente uno más, y sentir que lo único que podría sobrar es justamente el hablar, es preferible estar totalmente en silencio recogiendo datos, poder escuchar y observar absolutamente todo lo que hay alrededor, parece que te quedas sordo de no escuchar voces, gritos, o sonidos que provengan del hacer humano, pero realmente el entorno no está vacío de sonidos a los que nunca se podrían llamar ruidos.
El ir en silencio caminando por el campo hace que puedas escuchar a las ranas cantar, algo que se mueve lentamente en el agua y resulta ser un galápago, el sonido del aleteo de las aves, incluso pudiendo casi decir de que ave se trata en algunos casos. O escuchar el sonido que emiten éstas al interactuar entre ellas.
El bullicio de una colonia de cría, el observar cómo se pelean por el espacio, por cortejar a una hembra, como un macho echa a otro o como dos milanos negros entrelazan sus garras para hacer el cortejo, eso es algo que me brinda la naturaleza casi todos los días y me hace sentir todo un privilegiado, cada vez más integrado en la naturaleza pudiéndome sentir uno más entre tanto ser vivo.



























